La inteligencia artificial lee el cerebro y crea una cara atractiva basada en el gusto personal

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Christian Pérez. Los investigadores han logrado que una IA (Inteligencia Artificial) comprenda las nociones subjetivas propias del ser humano acerca de lo que hace que, para nosotros, un determinado rostro sea atractivo.

De esta manera, el dispositivo es capaz de crear, de forma totalmente independiente, un retrato personalizado de un rostro que presenta una característica muy especial: nos encanta. O, lo que es lo mismo, subjetivamente nos gustaría muchísimo.

Los resultados obtenidos podrían ser utilizados, por ejemplo, para modelar las preferencias y la toma de decisiones, además de poder identificar potencialmente actitudes inconscientes.

Mostrando una cara atractiva en función del cerebro que tengamos
Investigadores de la Universidad de Helsinki y Copenhague estudiaron si un ordenador era capaz de identificar los rasgos de un rostro que, de manera subjetiva, podríamos llegar a identificar o etiquetar como “atractivo”. Y, sobre esta base, generar nuevas imágenes que se correspondan con nuestros gustos.

Los estudiosos utilizaron la IA para interpretar señales del cerebro, combinando una interfaz cerebro-ordenador con un modelo generativo de caras artificiales.

De acuerdo a Michiel Spapé, investigador principal del estudio, en las investigaciones anteriores habían diseñado modelos que fueron capaces de controlar e identificar las características simples de un retrato, como las emociones expresadas y el color del cabello.

Sin embargo, como advirtió el científico, si bien es cierto que las personas están en gran medida de acuerdo sobre quién sonríe o quién es rubio, el hecho de que un individuo pueda ser considerado o no como atractivo es, por el contrario, un tema de estudio todavía más exigente.

No en vano, a la hora de juzgar lo que es o no atractivo para nosotros depende principalmente de factores psicológicos y culturales, que se creen juegan un papel inconsciente en nuestras preferencias individuales, motivo por el cual en muchas ocasiones nos resulta muy complicado explicar qué es exactamente lo que nos hace atractivos a alguien: la belleza se encuentra en el ojo del espectador (y, evidentemente, en el propio cerebro de la persona que mira).

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